El sábado, Paula Badosa volvió a levantar un trofeo. La española conquistó el título del WTA 125 de Båstad tras imponerse en la final a la suiza Simona Waltert por 7-5 y 7-5. No es un Grand Slam, ni siquiera un torneo del circuito principal, pero para una jugadora que lleva años peleando contra su propio cuerpo y contra sus fantasmas, es mucho más que un título menor: es una bocanada de aire.
Dos sets iguales, una misma moraleja
El 7-5, 7-5 ante Waltert en la costa sueca resume la Badosa de este verano: partidos apretados, sin margen, resueltos a base de oficio. Ningún set fue plácido, y precisamente por eso el título vale doble. Cerrar dos parciales tan ajustados, una semana después de vivir uno de los momentos más duros de su temporada, tiene un valor que va más allá de los puntos.
El derrumbe de Wimbledon
Porque antes de Båstad estuvo Londres, y lo de Londres dolió. En la primera ronda de Wimbledon, Badosa llegó a mandar 5-2 en el set decisivo ante la estadounidense Emma Navarro. Estaba a dos juegos de la victoria. Y entonces todo se vino abajo: cinco juegos consecutivos para Navarro y eliminación a las primeras de cambio.
La prensa española no fue amable. Libertad Digital habló de un «nuevo hundimiento inexplicable», y la palabra «nuevo» es la que más escuece: no era la primera vez que la española dejaba escapar un partido que tenía en la mano.
La fragilidad de un regreso
El contraste entre la Badosa de Wimbledon y la de Båstad ilustra la montaña rusa de su regreso. En junio, en su reaparición en Berlín, había firmado una victoria de máximo calibre ante Coco Gauff y acabó entre lágrimas sobre la pista. "I love this sport, and that's why I always come back" —amo este deporte, y por eso siempre vuelvo—, dijo entonces la española.
Esa frase es el mapa de su carrera reciente: caídas, regresos, recaídas y nuevos regresos. La española ha aprendido a convivir con una realidad incómoda: su tenis sigue intacto en los días buenos, pero la consistencia, física y mental, es la batalla pendiente.
Un título para reconstruirse
Por eso Båstad importa. Los títulos, aunque sean de categoría 125, curan. Superar una semana entera de torneo, gestionar la presión y rematar la faena en una final tan apretada es exactamente el tipo de experiencia que Badosa necesitaba después del golpe de Wimbledon.
El calendario ofrece ahora la gira norteamericana de pista dura, con los grandes torneos de agosto y el US Open en el horizonte. Allí se medirá de verdad el estado del regreso de Badosa: si el título sueco fue el inicio de una escalada o solo un paréntesis amable. Lo único seguro es que, como ella misma dijo entre lágrimas en Berlín, volverá a intentarlo. Siempre vuelve.
Tennis Post Redaktion
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